Me encontraba en Ironforge cuando recibí la carta del Lord Comandante Valorfist. Como todo en el ejercito , la carta era escueta y directa, casi como una orden. En ella se me pedía ayuda para la desagradable tarea de exorcizar una pequeña aldea situada en las tierras de la plaga.. La sola idea de viajar hasta allí hacia que mi estomago se revolviera pero mi deber de paladín me impedía rechazar la petición de ayuda. Gajes del oficio supongo. A quien llamar cuando un no muerto ronda por tu jardín. A un paladín. Maldije a quien fuera que le dio mi nombre al Lord Comandante y sin pensarlo abandoné aquella oscura posada.
Las tierras de la plaga. Las tierras fértiles y los bosques llenos de vida que antiguamente componían el paisaje de estas tierras se había convertido en el mayor cementerio viviente los reinos del Este. El aire que respiras allí te deja un sabor a ceniza en la boca, apenas si se ve el sol el cual arroja una luz mortecina sobre el paisaje, y el olor es rancio, como a libros viejos.
El lord comandante me esperaba allí donde me dejó mi Grifo, en un pequeño campamento asentado a poca distancia de Andorhal. El asentamiento era como una pequeña llama a punto de extinguirse en medio de un paisaje desolador. Enseguida unos soldados me escoltaron hasta la tienda del comandante. En sus rostros cansados no ví la chispa de esperanza de quien recibe ayuda. Más me pareció como una rutina o un ritual macabro el de aquella escolta. ¿A cuantos como yo habrían llamado ya en otras ocasiones, para al final, acabar pasto de los zombis?. Pues en esta ocasión por lo menos a tres mas. Allí estaban, supongo que sumidos en los mismos pesimistas pensamientos que recorrían mi cabeza. No hubo tiempo para presentaciones ya que en ese mismo instante de la tienda salió el comandante.
- Veo que ya estáis aquí,- dijo secamente. Os presento, Astrocity, estos son los paladines Js y Foxius, y la hechicera Kashara-.
Foxius era un enano con músculos como sacos de piedras. Su barba roja parecía estar encanecida, pero era la ceniza que flotaba en el aire que la teñía de un blanco fantasmal. Portaba con orgullo el blasón de los paladines del norte. Js al igual que yo pertenecía a la rama de los paladines de la Alianza Hispana. Siempre era reconfortante encontrarse con un hermano de clan y mas aun en aquel lugar alejado de toda humanidad. Por último nos acompañaba Kashara, una hechicera de la orden de Necare. Me sorprendió que hubieran llamado a una hechicera para esta misión pero no era mi deber cuestionar las decisiones del ejercito de la Alianza. Además si la habían llamado seguro que sería una gran experta en las artes arcanas. Recé por que su especialidad no fuera el fuego sino el hielo, odio el olor de la carne quemada y mas aún si esta podrida como la de un zombi. Este mismo pensamiento debía de tenerlo Foxius que inquietamente buscaba algún indicio en Kashara que mostrara su inclinación en la magia…un amuleto en forma de llama o quien sabe, un anillo con un brillo azulado y frío. No es de buena educación entre aventureros el preguntar este tipo de cosas y además pronto saldríamos de dudas pensé para mis adentros.
Las ordenes que nos dio Valorfist eran claras. Acabar de una vez por todas con el mal que azotaba el pueblo, o mas bien las ruinas, de Andorhal. En las últimas semanas los ataques y la actividad no muerta se había descontrolado y la Alianza tenía miedo de que se extendiera la plaga mas allá de estas fronteras. Era imposible regenerar la zona, sólo controlarla, pero incluso esto se estaba convirtiendo en una tarea casi imposible.
Nos pusimos en camino. Para ninguno de nosotros el enemigo era desconocido. Ya en el Duskwood nos habíamos enfrentado a no muertos. Para mí la única ventaja de enfrentarme a estos seres repelentes es que no te importa nada matarlos, ya están muertos. Son como carne, y nosotros los carniceros. Incluso un pestilente Murlock nació de algún sitio. Estos seres no. Son fruto del mal que hay sembrado en esta tierra y que hace que despierten de sus tumbas.
Durante el camino no hablamos mucho, Foxius maldecía constantemente como sólo un enano sabe hacerlo. Llevaba casi un año lejos de su familia y todos sabíamos que aquellas maldiciones eran el fruto del temor de que aquella misión fuera a ser la última. Js sólo interrumpía el ominoso silencio de la marcha para murmurar sus oraciones y Kashara parecía absorta en sus pensamientos, seguramente repasando mentalmente cada uno de sus hechizos, preparándose así para el combate.
Entonces llegamos a Andorhal. Rodeada por un río de aguas amarillas, esta pequeña ciudad exhuma mal por sus cuatro costados. Los paladines nos miramos al unísono y cada uno bendijo al resto del grupo. –Que Uther nos guíe en la batalla!!.- rugió Foxius. Kashara pareció rebuscar en las sacas de su cinturón y sacó del interior de una de ellas un frasquito de color azulado. Lo abrió y bebió su contenido a sorbitos. Yo encomendé mi alma a Uther y le pedí valor para enfrentarme a los horrores que me aguardaban. Js miró al cielo y con gesto decidido se armó con su lanza.
Cruzamos el puente de piedra hacia Andorhal. Al segundo aparecieron como moscas atraídas por la miel. Al menos eran cuatro por cada uno de nosotros. Con un gutural grito se abalanzaron sobre el grupo. No los recordaba tan agresivos. Su aspecto también era mas amenazador. Apenas si ya quedaba un rastro de humanidad en su aspecto.
Eran como un amasijo de carne y músculos. Sus movimientos convulsivos eran totalmente inesperados y eso hacía que cada golpe fuera como una emboscada para nuestros reflejos. Con un poderoso movimiento, Foxius, aplastó la cabeza de uno de los zombis que lo acosaban que reventó como si se tratara de una sandia podrida. Js hizo lo propio con su lanza y de un solo golpe partió en dos a uno de los zombis. Yo casi agradecí que me atacaran en su mayoría esqueletos, la maza que portaba era mil veces mas efectiva contra ellos que una espada y el sonido de sus huesos aplastados hacia que el estar allí casi mereciera la pena. Kashara pareció esperar a tenerlos todos encima para murmurar un hechizo. Al instante su cuerpo se encendió. Como una antorcha humana comenzó a prender fuego a todo lo que se le acercaba. En un instante todo había acabado. Un grotesco circulo de cadáveres nos rodeaba. De la lanza de Js aún goteaban pequeños trozos de carne gelatinosa. Foxius me miró satisfecho con la barba teñida de sangre coagulada y Kashara rebuscaba en sus saquitos de forma meticulosa. De pronto una sombra se cernió sobre nosotros. Un gigante de carne podrida de casi cuatro metros de alturas se lanzó contra el grupo. Era el zombi mas grande que jamás había visto. De su abotargado y henchido cuerpo amarillento sobresalían no uno, sino tres brazos, uno de ellos remendado a su espalda y en cada uno de ellos portaba un enorme y terrible machete. Kashara reaccionó como un rayo y de sus dedos brotaron unas laminas de color azul cobalto que lanzó contra el gigante. Al instante se formo un pequeño glaciar alrededor de sus piernas que lograron inmovilizarlo. Todos sabíamos que la prisión de hielo sólo duraría segundos y Foxius cargó con su maza contra el monstruo. Aunque parcialmente inmovilizado soltó un terrible mandoble que fue a impactar directamente en el pecho de Foxius que salió despedido girando en el aire como una peonza para acabar estampándose contra una de las numerosas tumbas que nos rodeaban. En ese momento la trampa de hielo cedió y el zombi cargó contra Kashara. Js anticipándose al movimiento de ataque de nuestro adversario lanzó un temible golpe directo a las piernas del zombi, sesgando y desgarrando tendones y carne. Este cayó de bruces a los pies de Kashara y fue entonces cuando descargué todo el peso sagrado de mi maza sobre su cabeza. Uno menos.
Apenas si nos habíamos recuperado cuando un chillido ensordecedor inundó todo Andorhal.
Era el Liche Araj, el conjurador. La voz de la muerte.
Su aspecto era majestuoso, flotaba en el aire rodeado de un aura blanca y fantasmal. El vacío de su rostro lo llenaban dos minúsculos puntos rojos a modo de ojos que brillaban incandescentes .Un manto púrpura y dorado cubría su etéreo cuerpo. Espectros, zombis y esqueletos formaban a su alrededor su sequito mortal. Otro chillido que se clavó en lo mas profundo de mi alma hizo que nos atacaran. Encomendé nuestras almas a Uther y cargamos contra ellos.
La batalla se convirtió en una orgía de carne, sangre y destrucción. De Kashara emanaban constantes bolas de fuego y rayos centelleantes que hacían reventar los putrefactos cuerpos que la atacaban. Incansablemente Js y Foxius aplastaban, tajaban y rompían, huesos, carne y vísceras. Araj protegido tras su muro de carne viviente lanzaba terribles hechizos que consumían nuestras almas. No los podíamos contener. Por cada uno que caía aparecían dos mas y en un instante no vimos completamente rodeados y desbordados. Iba a ser el final. Acabaríamos engrosando las filas del ejecito de Araj.
De pronto hubo una explosión de luz. Sentimos el calor de mil forjas ardiendo en nuestro cuerpo y la onda expansiva nos tiró al suelo. Cuando conseguí abrir los ojos todos nuestros enemigos yacían en el suelo calcinados. Entre el humo conseguí ver a mis compañeros paladines incorporarse lentamente. Kashara yacía como muerta en medio del circulo de carne calcinada. Su último hechizo, se ha sacrificado por nosotros, pensé.
Pero aún quedaba un enemigo en pie. Araj. Los tres paladines miramos el cuerpo de Kashara. Su sacrificio no iba a quedar impune. Todo nuestro dolor se convirtió en rabia. Y toda nuestra rabia se transformó en Fe. Al unísono extendimos nuestras manos hacía Araj e invocamos la grandeza de Uther, el primer Paladín. De nuestras manos brotó un chorro de energía dorada y la fe de las miles de almas condenadas en aquel terrible lugar pareció alimentarnos con su energía. El rayo fue directo hacia Araj. Cuando impactó sobre él una luz empezó a extenderse como una mancha por todo su ser. Entre ahogados chillidos Araj fue consumiéndose lentamente.
Habíamos conseguido librar del mal aquellas tierras. Para nuestro gozo además Kashara no había muerto, su acto heroico tan sólo la dejó exhausta. Nuestra determinación, valor y fe siempre serían recordados y por fin pudimos dar descanso a esta tierra corrompida.
Me despedí de mis compañeros y antes de partir me dirigí a la tumba de Uther. Allí, a los pies de su efigie, entoné una oración por los héroes caídos, y le di gracias por otorgarnos la victoria.
Que la fuerza de Uther os acompañe siempre compañeros….
la de allies que he matado casi hasta el exterminio, y mira que leyéndote siempre me sale salvar alguno para que puedan volver...
(Deathwing)
Cada dia te superas mas con tus historias. A todos nos ha costado lo nuestro terminar con Araj, pero al final se ha conseguido derrotarle, aunque siempre vuelve.
ahora en serio, matasteis a araj entre 4? XDDD
si, lo matamos entre cuatro, para ser fieles a la verdad nos costó dos intentos pero al final lo conseguimos, nuetra querida maga era de level 59, yo 57 y los paladines creo ke 57 y 58...unas makinas!!!!!
asi es. eliminamos a ese caotico ser entre los 4 xD, muy buena la historia jeje me ha gustado mucho, sigue asi ;)
las historias son buenisimas, pero esta me ha gustado mucho mas, has puesto todos los detalles de las peleas, y con cada palabra que leia me iba emocionando mas, jeje, no deberias dejar de escribir ; )