No me sorprendió en absoluto la noticia. Ya en más de una taberna había oído el rumor. Era un secreto a voces y hasta el marinero menos sereno o el druida mas aislado sabían que algo se cocía en la Alianza Hispana.
La carta del Sargento Slain sólo confirmaba mis temores. Semanas atrás rompimos nuestro acuerdo con Sangre, otro de los clanes con mayor influencia en la Alianza. Mucho se ha hablado de las razones de la ruptura, en estas ocasiones el precio de la verdad suele ser demasiado alto para que nadie pague por él, y las razones del cisma descansan entre las rocas de Molten Core, quien quiera respuestas que vaya a buscarlas allí.. Independientemente de este incidente, algo dentro del clan se moría. Años atrás me enorgullecía enseñando mi blasón con aparente disimulo en cada taberna que entraba, ahora tengo que cuidarme de mostrarlo según a quien y dónde. ¿Porqué este cambio?. Gracias a Uther, algunos visionarios como Gonzalo, Slain o Hamilton, alto sacerdote del clan, vislumbraron el problema. Imagino que ser el clan con más miembros de la Alianza había dejado de ser un honor para tornarse en un problema. ¿ Para que tantos miembros?, muchos eran los que se afiliaban únicamente para tener una cama caliente en cada posada, los mejores contactos en la casa de subastas y las mujeres mas ardientes en el puerto de Menethil. ¿Acaso acudían a la llamada del clan cuando se les necesitaba?.No. Somos tantos que ya irá otro.
Así las cosas empezaron a cambiar. Por justos pagaron pecadores y como una enfermedad, la desconfianza y rencor se extendió por todo el clan. Dicen que el mago Omodrim contrató espías para saber en cada momento que hacía cada uno del clan. Hasta la temeraria Aleria fue acusada de traición, una trampa orquestada por un pobre diablo que ahora mismo sirve de digestivo para su mascota. Faltaban manos para tanto dedo acusador y cada día que pasaba la que en un día fuera grandeza de clan se fue convirtiendo en una absurda parodia. Hasta los títeres recreaban nuestras disputas en las plazas de Stormwind.
Yo al igual que Drigoh también fui traicionado por mis hermanos de clan. Nunca olvidaré como Lightmoore huyó de Uldaman dejándonos a merced de sus terribles peligros. Pero tampoco olvido a Ethien, que en un derroche de fe y experiencia me ayudó a atravesar Razorfen Downs, a Yakom que compartió conmigo sus secretos de ingenieria, a Slain que parece multiplicarse y estar en todos lados, a Nizorra que siempre esta dispuesto a recibir un golpe en tu lugar y como ellos a tantos otros que han conseguido hacer que incluso en las desoladas tierras de Shimmering Flats no me sintiera solo. Sólo hay que ser agradecidos a todos ellos y al igual que yo he recibido, que ellos sepan que estoy dispuesto a dar. Que sepan que mi virtud, mi sangre, mi fe y mi maza siempre estarán a su servicio, al igual que ellos, han estado al mío.
Hoy hay un concilio, en el se decidirán que manzanas están podridas y cuales no, se decidirá el futuro de la Alianza Hispana y con ello el futuro de todo Azeroth.
Que Uther nos de fuerza y sabiduría….
Me encontraba en Ironforge cuando recibí la carta del Lord Comandante Valorfist. Como todo en el ejercito , la carta era escueta y directa, casi como una orden. En ella se me pedía ayuda para la desagradable tarea de exorcizar una pequeña aldea situada en las tierras de la plaga.. La sola idea de viajar hasta allí hacia que mi estomago se revolviera pero mi deber de paladín me impedía rechazar la petición de ayuda. Gajes del oficio supongo. A quien llamar cuando un no muerto ronda por tu jardín. A un paladín. Maldije a quien fuera que le dio mi nombre al Lord Comandante y sin pensarlo abandoné aquella oscura posada.
Las tierras de la plaga. Las tierras fértiles y los bosques llenos de vida que antiguamente componían el paisaje de estas tierras se había convertido en el mayor cementerio viviente los reinos del Este. El aire que respiras allí te deja un sabor a ceniza en la boca, apenas si se ve el sol el cual arroja una luz mortecina sobre el paisaje, y el olor es rancio, como a libros viejos.
El lord comandante me esperaba allí donde me dejó mi Grifo, en un pequeño campamento asentado a poca distancia de Andorhal. El asentamiento era como una pequeña llama a punto de extinguirse en medio de un paisaje desolador. Enseguida unos soldados me escoltaron hasta la tienda del comandante. En sus rostros cansados no ví la chispa de esperanza de quien recibe ayuda. Más me pareció como una rutina o un ritual macabro el de aquella escolta. ¿A cuantos como yo habrían llamado ya en otras ocasiones, para al final, acabar pasto de los zombis?. Pues en esta ocasión por lo menos a tres mas. Allí estaban, supongo que sumidos en los mismos pesimistas pensamientos que recorrían mi cabeza. No hubo tiempo para presentaciones ya que en ese mismo instante de la tienda salió el comandante.
- Veo que ya estáis aquí,- dijo secamente. Os presento, Astrocity, estos son los paladines Js y Foxius, y la hechicera Kashara-.
Foxius era un enano con músculos como sacos de piedras. Su barba roja parecía estar encanecida, pero era la ceniza que flotaba en el aire que la teñía de un blanco fantasmal. Portaba con orgullo el blasón de los paladines del norte. Js al igual que yo pertenecía a la rama de los paladines de la Alianza Hispana. Siempre era reconfortante encontrarse con un hermano de clan y mas aun en aquel lugar alejado de toda humanidad. Por último nos acompañaba Kashara, una hechicera de la orden de Necare. Me sorprendió que hubieran llamado a una hechicera para esta misión pero no era mi deber cuestionar las decisiones del ejercito de la Alianza. Además si la habían llamado seguro que sería una gran experta en las artes arcanas. Recé por que su especialidad no fuera el fuego sino el hielo, odio el olor de la carne quemada y mas aún si esta podrida como la de un zombi. Este mismo pensamiento debía de tenerlo Foxius que inquietamente buscaba algún indicio en Kashara que mostrara su inclinación en la magia…un amuleto en forma de llama o quien sabe, un anillo con un brillo azulado y frío. No es de buena educación entre aventureros el preguntar este tipo de cosas y además pronto saldríamos de dudas pensé para mis adentros.
Las ordenes que nos dio Valorfist eran claras. Acabar de una vez por todas con el mal que azotaba el pueblo, o mas bien las ruinas, de Andorhal. En las últimas semanas los ataques y la actividad no muerta se había descontrolado y la Alianza tenía miedo de que se extendiera la plaga mas allá de estas fronteras. Era imposible regenerar la zona, sólo controlarla, pero incluso esto se estaba convirtiendo en una tarea casi imposible.
Nos pusimos en camino. Para ninguno de nosotros el enemigo era desconocido. Ya en el Duskwood nos habíamos enfrentado a no muertos. Para mí la única ventaja de enfrentarme a estos seres repelentes es que no te importa nada matarlos, ya están muertos. Son como carne, y nosotros los carniceros. Incluso un pestilente Murlock nació de algún sitio. Estos seres no. Son fruto del mal que hay sembrado en esta tierra y que hace que despierten de sus tumbas.
Durante el camino no hablamos mucho, Foxius maldecía constantemente como sólo un enano sabe hacerlo. Llevaba casi un año lejos de su familia y todos sabíamos que aquellas maldiciones eran el fruto del temor de que aquella misión fuera a ser la última. Js sólo interrumpía el ominoso silencio de la marcha para murmurar sus oraciones y Kashara parecía absorta en sus pensamientos, seguramente repasando mentalmente cada uno de sus hechizos, preparándose así para el combate.
Entonces llegamos a Andorhal. Rodeada por un río de aguas amarillas, esta pequeña ciudad exhuma mal por sus cuatro costados. Los paladines nos miramos al unísono y cada uno bendijo al resto del grupo. –Que Uther nos guíe en la batalla!!.- rugió Foxius. Kashara pareció rebuscar en las sacas de su cinturón y sacó del interior de una de ellas un frasquito de color azulado. Lo abrió y bebió su contenido a sorbitos. Yo encomendé mi alma a Uther y le pedí valor para enfrentarme a los horrores que me aguardaban. Js miró al cielo y con gesto decidido se armó con su lanza.
Cruzamos el puente de piedra hacia Andorhal. Al segundo aparecieron como moscas atraídas por la miel. Al menos eran cuatro por cada uno de nosotros. Con un gutural grito se abalanzaron sobre el grupo. No los recordaba tan agresivos. Su aspecto también era mas amenazador. Apenas si ya quedaba un rastro de humanidad en su aspecto.
Eran como un amasijo de carne y músculos. Sus movimientos convulsivos eran totalmente inesperados y eso hacía que cada golpe fuera como una emboscada para nuestros reflejos. Con un poderoso movimiento, Foxius, aplastó la cabeza de uno de los zombis que lo acosaban que reventó como si se tratara de una sandia podrida. Js hizo lo propio con su lanza y de un solo golpe partió en dos a uno de los zombis. Yo casi agradecí que me atacaran en su mayoría esqueletos, la maza que portaba era mil veces mas efectiva contra ellos que una espada y el sonido de sus huesos aplastados hacia que el estar allí casi mereciera la pena. Kashara pareció esperar a tenerlos todos encima para murmurar un hechizo. Al instante su cuerpo se encendió. Como una antorcha humana comenzó a prender fuego a todo lo que se le acercaba. En un instante todo había acabado. Un grotesco circulo de cadáveres nos rodeaba. De la lanza de Js aún goteaban pequeños trozos de carne gelatinosa. Foxius me miró satisfecho con la barba teñida de sangre coagulada y Kashara rebuscaba en sus saquitos de forma meticulosa. De pronto una sombra se cernió sobre nosotros. Un gigante de carne podrida de casi cuatro metros de alturas se lanzó contra el grupo. Era el zombi mas grande que jamás había visto. De su abotargado y henchido cuerpo amarillento sobresalían no uno, sino tres brazos, uno de ellos remendado a su espalda y en cada uno de ellos portaba un enorme y terrible machete. Kashara reaccionó como un rayo y de sus dedos brotaron unas laminas de color azul cobalto que lanzó contra el gigante. Al instante se formo un pequeño glaciar alrededor de sus piernas que lograron inmovilizarlo. Todos sabíamos que la prisión de hielo sólo duraría segundos y Foxius cargó con su maza contra el monstruo. Aunque parcialmente inmovilizado soltó un terrible mandoble que fue a impactar directamente en el pecho de Foxius que salió despedido girando en el aire como una peonza para acabar estampándose contra una de las numerosas tumbas que nos rodeaban. En ese momento la trampa de hielo cedió y el zombi cargó contra Kashara. Js anticipándose al movimiento de ataque de nuestro adversario lanzó un temible golpe directo a las piernas del zombi, sesgando y desgarrando tendones y carne. Este cayó de bruces a los pies de Kashara y fue entonces cuando descargué todo el peso sagrado de mi maza sobre su cabeza. Uno menos.
Apenas si nos habíamos recuperado cuando un chillido ensordecedor inundó todo Andorhal.
Era el Liche Araj, el conjurador. La voz de la muerte.
Su aspecto era majestuoso, flotaba en el aire rodeado de un aura blanca y fantasmal. El vacío de su rostro lo llenaban dos minúsculos puntos rojos a modo de ojos que brillaban incandescentes .Un manto púrpura y dorado cubría su etéreo cuerpo. Espectros, zombis y esqueletos formaban a su alrededor su sequito mortal. Otro chillido que se clavó en lo mas profundo de mi alma hizo que nos atacaran. Encomendé nuestras almas a Uther y cargamos contra ellos.
La batalla se convirtió en una orgía de carne, sangre y destrucción. De Kashara emanaban constantes bolas de fuego y rayos centelleantes que hacían reventar los putrefactos cuerpos que la atacaban. Incansablemente Js y Foxius aplastaban, tajaban y rompían, huesos, carne y vísceras. Araj protegido tras su muro de carne viviente lanzaba terribles hechizos que consumían nuestras almas. No los podíamos contener. Por cada uno que caía aparecían dos mas y en un instante no vimos completamente rodeados y desbordados. Iba a ser el final. Acabaríamos engrosando las filas del ejecito de Araj.
De pronto hubo una explosión de luz. Sentimos el calor de mil forjas ardiendo en nuestro cuerpo y la onda expansiva nos tiró al suelo. Cuando conseguí abrir los ojos todos nuestros enemigos yacían en el suelo calcinados. Entre el humo conseguí ver a mis compañeros paladines incorporarse lentamente. Kashara yacía como muerta en medio del circulo de carne calcinada. Su último hechizo, se ha sacrificado por nosotros, pensé.
Pero aún quedaba un enemigo en pie. Araj. Los tres paladines miramos el cuerpo de Kashara. Su sacrificio no iba a quedar impune. Todo nuestro dolor se convirtió en rabia. Y toda nuestra rabia se transformó en Fe. Al unísono extendimos nuestras manos hacía Araj e invocamos la grandeza de Uther, el primer Paladín. De nuestras manos brotó un chorro de energía dorada y la fe de las miles de almas condenadas en aquel terrible lugar pareció alimentarnos con su energía. El rayo fue directo hacia Araj. Cuando impactó sobre él una luz empezó a extenderse como una mancha por todo su ser. Entre ahogados chillidos Araj fue consumiéndose lentamente.
Habíamos conseguido librar del mal aquellas tierras. Para nuestro gozo además Kashara no había muerto, su acto heroico tan sólo la dejó exhausta. Nuestra determinación, valor y fe siempre serían recordados y por fin pudimos dar descanso a esta tierra corrompida.
Me despedí de mis compañeros y antes de partir me dirigí a la tumba de Uther. Allí, a los pies de su efigie, entoné una oración por los héroes caídos, y le di gracias por otorgarnos la victoria.
Que la fuerza de Uther os acompañe siempre compañeros….
Habéis metido la cabeza alguna vez en un terrario lleno de serpientes e inhalado profundamente. Yo no. Pero pienso que la sensación no puede ser peor que la de entrar en el Templo Sumergido. Perdido en medio del Pantano de los Pesares se encuentra la casa del Profeta perdido, bajo un manto de agua putrefacta y protegida por cientos de dragones, serpientes y cultistas de pupilas dilatadas y mirada perdida. “ El ambiente perfecto para una aventura”!!!, diría mi viejo amigo, el gnomo Blackman. Sólo que el y sus mortales dagas no estarían aquí a mi lado para comprobarlo. En su lugar en este viaje me acompañaban un nutrido grupo de experimentados aventureros.

Korne, un asesino silencioso y meticulosamente certero con sus armas. Wataru, sacerdotisa del Templo de Ohm, decidida y virtuosa, contábamos además con Seytuxelfo,druida y elfo de los bosques, y por último Nizorra, un guerrero al que todo lo que le sobraba de valor le faltaba de prudencia….
Así pues atravesamos el Pantano de los Pesares y cuando Wataru pensó que ya no habría más sanguijuelas que se le pudieran adherir a sus tersos muslos, vislumbramos la entrada del Templo Sumergido. Una corriente de aire pestilente subía por las escaleras talladas en piedra. Nizorra vomitó enseguida y se puso la armadura perdida y casi agradecí haber estado hace poco en Uldaman y haberme acostumbrado a este tipo de corrientes de aire viciado. Descendimos y por un momento todos nos sentimos como si una mano invisible nos estaría usando como alimento para las serpientes.
Cuando has visto un troll muerto los has visto todos. Al menos eso parecíamos pensar todo el grupo mientras nos abríamos paso en las laberínticas instancias del templo. Mecánicamente Korne degollaba sigilosamente, Sey nos curaba y atacaba en su forma de pantera, Wataru nos sanaba y Nizorra, bueno Nizorra masacraba. Enseguida surgieron las primeras disputas, la sangre fría de Korne ( mas fría creo yo que la de muchos reptiles que había por allí ) , no cuajaba con la sangre mas que caliente de nuestro impetuoso guerrero. Además todos notábamos que en la mirada de Nizorra algo extraño se escondía. Sus ojos al igual que los de todos estaban rojos, por lo hediondo del lugar, pero había en su mirada un rastro cristalino difícil de identificar. Wataru y Sey mediaban en sus casi constantes disputas y Wataru bajo esa apariencia de sacerdotisa candorosa, demostró tener más carácter de lo que se podía suponer, poniendo final a todas las discusiones.
El ambiente opresivo y corrupto del templo comenzaba a hacer mella en todos nosotros lo que nos hizo aumentar el ritmo de la marcha. Uno a uno todos los lideres menores del culto del dragón fueron cayendo, para así, romper la barrera que protegería al profeta. Cuando creímos haber acabado con todos descendimos hasta la cámara de los sacrificios y activamos los cinco canales de energía que harían despertar al profeta menor.
Una vez activadas todas, saltamos al interior de la laguna, centro de la cámara , y allí se manifestó Aljamer, el profeta menor. Invocando a Uther me lancé contra él. Todos sabíamos que aunque su aspecto era terrorífico, no iba a ser aquél ni mucho menos el enemigo más temible del Templo.
Korne parecía disfrutar más que ninguno, asestándole terribles cortes en las zonas más vitales, Nizorra apenas pestañeaba mientras encajaba los golpes, y tanto Sey como Wataru cuidaban para que a ninguno de nosotros nos ocurriera nada. Enseguida la sangre de Jahmal tiñó la laguna de rojo….
La victoria no pareció animarnos, y casi con desgana seguimos avanzando. El más confiado y tranquilo de todos nosotros era Sey, que con su instinto animal nos guiaba por los eternos corredores. Nizorra en mas de una ocasión se quedaba atrás y parecía costarle respirar cada vez más a través de su pesada armadura. Wataru le ofreció repetidamente agua sanadora pero él la rechazaba una y otra vez, seguramente movido por su orgullo de guerrero.
En la mente de todos nosotros estaba llegar hasta el dragón Eranikus, pero para ello antes debía de caer el profeta Jammal´an, el corrupto, y Hakar, el dragón menor del culto.
Iba a ser mi misión invocar a Hakar. Semanas atrás en Tanaris, un troll hechicero me reveló la forma de hacerlo a cambio de un poco de su esencia una vez muerto. En aquél momento no me pareció un mal trato, la recompensa sería más que generosa, pero una vez aquí, sentí que me habían engañado…
En la sala, dentro de un circulo, rodeado de inscripciones rúnicas, se hallaba el esqueleto de Hakar, en los cuatro extremos de la sala ardían sendas lámparas de aceite, envueltas en un fuego casi místico que creaban a nuestro alrededor sombras que parecían bailar enloquecidas a nuestro alrededor.
Miré a mis compañeros, buscando en sus ojos una señal de aprobación. Korne parecía impaciente, Sey y Wataru murmuraron oraciones y Nizorra me sonrió, como si no le importara morir.
Invoqué a Hakar, y toda la maldad del templo pareció escuchar mis oscuras plegarías. De entre las sombras comenzaron a atacarnos incontables cobras blancas del tamaño de un hombre. Cada vez que parecía que acabamos con ellas, aparecían más. Además otros dragones menores se manifestaban atacándonos sin piedad. Hakar, el dragón, no terminaba de manifestarse, algo estaba saliendo terriblemente mal.
La lucha seguía prolongándose. Empezaba a sentir calambres con cada golpe que daba. En los ojos de Wataru vi el cansancio de a quien comienzan a fallarle las fuerzas. En el rostro de Korne ya no se reflejaba la imagen del verdugo que hasta ahora había sido. Nizorra era la imagen de la muerte, estaba pálido y sus golpes aunque poderosos, carecían de coordinación….¿ Acaso este sería nuestro final?. Entonces parecí oír sobre el siseo de las serpientes y el fragor de la batalla la voz de Sey….”los braseros….apagad los braseros…”. El trance de la batalla pareció romperse y todos oímos como con Sey nos gritaba mientras mantenía a raya sus enemigos. ¡Maldita sea, apagad los braseros, con la sangre de los dragones ¡.¡ Hakar se alimenta de su energía!---vociferó. Uther parecía haber escuchado mis plegarias y en un lance de la batalla uno de los dragones salpicó con su sangre la llama mística de uno de los braseros que iluminaba la batalla. Al apagarse Hakar se volvió más corpóreo, las llamas místicas lo alejaban de este plano. Gracias a los dioses Sey se dio cuenta de ello…Casi desesperados nos lanzamos a apagar el resto de los braseros. Cuando el último se hubo consumido, Hakar se volvió tangible del todo. Toda nuestra sed de sangre y venganza cayó sobre él.
Estábamos cada vez más cerca de nuestro objetivo. Esta última victoria sí pareció elevar nuestros ánimos y con seguridad fuimos limpiando de enemigos toda la zona baja del templo dónde el profeta aguardaba. Cuando creímos haber acabado con todos dirigimos nuestros pasos hacia la cámara prohibida, sancta sanctorum del profeta corrupto. Nuestra sorpresa fue mayúscula al ver que la barrera de energía no había caído. Algo había fallado…¿pero que?.
Comenzamos a vagar sin rumbo por las salas, el calor y el hedor de los cadáveres apenas si nos dejaba respirar. Era como abrirse paso en una herida abierta, infecta y supurante. Nizorra apenas ya si hablaba. Estaba enfermo. Seguramente el veneno de alguna serpiente o quien sabe que maldición. Tras horas de dar vueltas Korne se percató del problema. Sólo habíamos matado a cinco profetas menores, cuando eran seis los servidores de Jammal. Eso significaba que tendríamos que desandar el camino y volver a la parte alta del templo.
Ascendimos. Tras acabar con un par de patrullas, ya sólo tendríamos que acabar con media docena de Trolls y un par de serpientes. Fue entonces cuando todo se torció.
En medio de la refriega Nizorra se colapsó, cayó como un muñeco roto al suelo. Sin la fuerza de nuestro guerrero la balanza se inclinó del lado de nuestros enemigos. Vi en la mirada de Wataru que ya nada podíamos hacer por nuestro valeroso guerrero.
La batalla estaba perdida de antemano, nos superaban en número y en fuerza. Ni siquiera la rabia de estar tan cerca de nuestro objetivo iba a ser suficiente esta vez. Sólo quedaba huir. Korne se hizo invisible y Sey en forma de pantera de las sombras hizo lo propio, Wataru se bendijo y como un haz de luz echó a correr por los oscuros corredores hacia la salida del templo. Y yo, bueno yo salté por un pozo que había en medio del Templo con esperanzas de que esas aguas me llevaran hasta el pantano de los pesares. Y así fue. Apenas ya sin una gota de aire en mis pulmones conseguí atravesar las aguas negras que me llevaron hasta la superficie. 
Atrás quedaba el Templo Sumergido. En mi mente la imagen de mis compañeros y en mi corazón la esperanza de que aún estarían con vida. Hinqué mi rodilla en el barro y recé por el alma de Nizorra. Que Uther lo abrace allá donde esté.
A mi espalda dejé el Templo Sumergido, una aventura inacabada y la sombra de una duda, y mientras me alejaba, entre el sonido de la selva me pareció escuchar, la siniestra carcajada del profeta.
Me juré a mi mismo que algún día volvería y me vengaría de él y de todas sus malditas serpientes…
Uldaman, también conocida como la tumba de los héroes. Bajos sus piedras no solo se hallan escondidos los más preciosos tesoros sino también las mas terribles maldiciones. Muchos aventureros, guiados por su codicia son los que con sus huesos adornan los interminables corredores oscuros de Uldaman.
Conseguí reunir un grupo de jóvenes aventureros en Ironforge. Lightmoore, paladín de la Alianza, Souso, sacerdotisa, Nirya, cazadora y Raynaut el guerrero. Derrochaban valor y en la mirada de todos ellos se vislumbraba una chispa de locura digna de aquellos que no temen a la muerte.
Antes de entrar juntamos nuestras manos y nos conjuramos, “yo seré tus ojos; dijo Nirya, yo seré tu arma dijo Raynaut, yo seré tu aliento dijo Souso, yo vuestro espíritu....dije,
Nos dejamos engullir por Uldaman. Sin dificultad comenzamos a abrirnos paso entre una marea de enanos renegados, trolls de las cavernas, y golems de Obsidiana. Éramos como un cincel golpeado por el valor, esculpiendo a cada paso una leyenda, inconscientes de que el enemigo no se hallaba en lo más profundo de la roca, sino mucho mas cerca…..
Lightmoore nos guiaba ansiosamente, tenía mucha prisa por avanzar. No quería que nos paráramos a descansar y esa ansiedad enseguida se contagió al grupo. La bestia de Airya, no dejaba de gruñir al paladín, y hasta la inquebrantable tranquilidad de Souso la sacerdotisa pareció desvanecerse cuando una vez más volvimos sobre nuestras huellas, estábamos perdidos. A Lightmoore no parecía importarle, nos increpaba constantemente para que le siguiéramos…
Perdimos la noción del tiempo, los pasillos que al principio nos parecieron majestuosos se tornaron en angostos y angustioso corredores, llenos de alimañas, cuanto mas nos adentrábamos en la oscuridad, mas nos costaba respirar. Entonces me di cuenta que el verdadero poder de Uldaman no se encontraba en las armas de sus moradores, su verdadero poder era el mismo que durante siglos ha desgastado sus rocas, el tiempo.
No me fío de él Astro, fíjate, tiene la mirada vacía, creo que ha perdido el juicio- me dijo Souso.
Nirya que había oído el comentario se acercó a nosotros. Souso tiene razón, dijo,. Mi bestia esta nerviosa y he tenido que controlarla en mas de una ocasión, su bestia pareció habernos entendido y se revolvió inquieto.
De pronto nos atacaron, aparecieron de la nada, al menos eran media docena, armados con picas y acompañados de un hechicero blanco y un golem de obsidiana. Busque a todos mis compañeros con la mirada para en décimas de segundo preparar una estrategia, los encontré a todos salvo a uno. Lightmoore. Justo llegué a ver como se escabullía y cerraba tras de sí los portones de la sala, llevándose consigo las provisiones y las maldiciones de todos nosotros. Sin tiempo para reaccionar nos enfrentamos a nuestros agresores. En inferioridad de condiciones y aún bajo los efectos de la sorpresa la lucha se tornó en nuestra contra. Parecía que el peor de los presagios se cumpliría y que, en esta ocasión, ningún bardo entonaría la canción de estos héroes. No obstante ese día los dioses nos darían otra oportunidad. Justo cuando todo parecía perdido de entre las sombras apareció Cyclon, y ágil como una pantera se abalanzó sobre nuestros enemigos dándonos al resto la posibilidad de reponernos y equilibrar la balanza a nuestro lado.
Tras la batalla Cyclon se unió a nosotros, al igual que muchos, su grupo había sido masacrado y buscando la salida de Uldaman oyó nuestra batalla.
Aún quedaba encontrar al traidor de Lightmoore. No hizo falta buscar mucho. Lo encontramos un par de horas después, o por lo menos lo que quedaba de él. Bajo una marea de escorpiones logramos atisbar parte de su armadura.¡ Se lo lleven los demonios!...gritó Raynaut satisfecho. Pagó el justo precio de la traición, y la justicia en Uldaman significa la muerte.
Nuestra nueva incorporación y el agridulce sabor de la muerte de Lightmoore, nos dieron fuerzas para continuar. Sala tras sala nos fuimos haciendo camino, hasta llegar a la majestuosa sala principal.
Ante nosotros se hallaba la colosal estatua del creador, rodeada de un ejército de piedra. Teníamos que romper el sello y a través de nuestra energía invocar el alma de Khaz,Goroth. Parecía que ninguno de nosotros quería del primer cuando, Souso , al igual que en la entrada entonó…yo seré tu aliento…yo seré tu arma le coreó Raynaut..yo seré tus ojos..le siguió Nirya,…yo tu valor añadió Cyclon…y yo vuestro espíritu..dije.
Juntamos nuestras manos alrededor de la piedra de invocación y toda la energía de Uldaman pareció concentrarse en ese punto….y entonces despertó….
No es fácil describir con palabras lo que a continuación ocurrió. Raynaut y yo cargamos contra la estatua. La idea era que Souso se ocupara de curar nuestras heridas mientras que Cyclon y Nirya mantenían a raya al ejército de piedra que nos rodeaba. Era como si una montaña nos golpeara cada vez. La furia miles de años dormida había despertado y nos tenía como objetivos.
No íbamos a resistir mucho mas, salían guerreros de piedra por todas partes, invocados por el poder de su creador. En la mirada de mis compañeros comencé a ver la sombra de una duda. Entonces Raynaut gritó. Todos a él, concentrad todo vuestra fuerza en él..!!, Con nuestras últimas energías cargamos a por el gigante de piedra. En un instante pareció abrirse una cicatriz de piedra en la pierna del enorme Golem. Como un rayo, se extendió por todo su cuerpo, atravesándolo de lado a lado. Y con un último golpe..estalló en mil pedazos.
Lo habíamos logrado. Derrotamos a Uldaman. La euforia de la victoria se apoderó de nosotros y por un momento parecimos olvidar donde nos encontrábamos. Mas allá de las puertas que custodiaba el gigante de piedra nos esperaba un tesoro sólo digno de reyes. No obstante no fue el oro ni las joyas lo mas preciado que nos llevamos de allí, no. Nos llevamos el favor de los Dioses que contemplaron nuestra hazaña, nos llevamos un pedazo de historia que contar y lo mas importante, nos llevamos la amistad de cada uno de nosotros, que al igual que Uldaman, siempre estaría ahí, para siempre a salvo del paso del tiempo.

Si algo tengo claro de una guerra es que nunca hay ganadores o perdedores, a no ser claro, que seas un Goblin. Ellos son los claros vencedores. Venderían a su madre, en un pack, junto a un montón de pieles de hiena y un poco de sudor de Troll si con ello sacaran un par de monedas de cobre de beneficio. No intentes regatear con ellos, sólo conseguirás que te suban el precio....
Tenía claro que solo estaba de paso. Conocía Gadzetan y Tanaris mas de lo que quisiera. Hacía unas semanas que un grupo de aventureros me invitó a enfrentarme al culto de Z´hul...pero esa es una larga historia que relataré en otra ocasión. Algunas noches aún me despierto, bañado en sudor, creyendo haber escuchado el rugido de Ghazilla....Ya no recuerdo cuando fue la ultima vez que soñé con Evelyn Forest. Tenía una granja. Cultivos de calabaza, zanahoria y manzanas, las mas rojas y jugosas de toda la comarca. Fué allí donde la conocí. Adrianna...mas bella que un atardecer en Darnassus, llena de vida.Recuerdo como podía quedarme enbobado horas y horas tan sólo recordando una de sus sonrisas.Cada una de ellas hacía que el tiempo se detuviera. Pasabamos horas juntos, imaginando como sería el mundo mas allá del bosque. El mundo es cruel. Ahora lo sé.
Se la llevaron una mañana. La encontramos un día después, rio abajo, cerca del poblado Murlock. Le habían arrancado la inocencia de cuajo y luego la echaron de comer a los peces. La Hermandad Defias. Ciego de ira me dirijí al asentamiento que tenían en el bosque, y por triste que pueda parecer ellos me dieron la primera gran lección de todo guerrero; conoce a tu enemigo, si, pero antes concete a ti mismo y tus limitaciones.
Me dejaron con vida de milagro, aún era muy joven para enfrentarme a ellos, pero me juré a mi mismo que algún dia la cabeza de Van Cleef descansaría sobre una pica. Y así fué. Casi me dió pena entregarsela al sheriff de Westfall. Frente a lo que pensaba aquella venganza no me hizo sentir mejor, solo me hizo darme cuenta de lo largo que iba a ser mi camino y de que estuviera donde estuviera nunca mas ninguna sonrisa detendría el tiempo....
Y menos la de este avaricioso Goblin en Gadzetan.
No quise esperar más. Supongo que el druida se fue con el rabo entre las piernas. Entré en la cueva y comencé la matanza, cuando estaba rodeado de dos elementales sentí como un colmillo se clavaba en mi pierna...era el druida. Había esperado pacientemente el mejor momento para atacarme, desorientado, rodeado, y ya falto de fuerzas decidí entre morir con honor o vivir con deshonra...
Como siempre vomité cuando llegué a mi destino. Me alegro de no ser un mago que se teletransporta en cada combate. No soporto la teletransportación. Siempre vomito cuando llego a mi destino. Esta vez el contenido de mis tripas no fue al suelo, le dejé una bonita estampa en la cabeza del Goblin tabernero en Gadzetan. Incredulo miró hacia arriba esperando ver un Grifo que acabara de cagar en su cabeza, pero no, era otra vez Astrocity....Nada como unas monedas de plata para olvidar el incidente...Ya se que no hay nada de epico en usar la piedra corazón pero a veces es mejor que darle la satisfacción de morir a tu adversario, en este caso cobarde adversario....
Dioses, sigo aqui. Si hubiera tomado nota de las recomendaciones de Electro, hace tiempo que hubiera atravesado estas malditas montañas y hubiera llegado a Winterspring. No encuentro el paso. Al norte un apestoso semi-oso dice que me ayudará a cambio de algo. Nada es a cambio de nada....
Sigo en mi voragine de justicia y muerte. Apenas llevo dos días en este bosque y ya no se a cuantos he matado.
Hoy ha sido diferente, me junté con unos viajeros. Aventureros como yo. Nos hicimos companía y por un instante conseguí olvidarme de dónde me hallaba. No recuerdo sus nombres pero no me hablaron bien de mi clan. Es posible que se contagiaran del ambiente mezquino de este bosque y sintieran envidia....tengo que marcharme cuanto antes...
Hoy encontré una cueva, ¿será la que me haga cruzar las montañas ?. Espero que Electro tuviera razón. Parecía custodiada por unos seres elementales, pero en la entrada otro enemigo peor me aguardaría...lo que parecía un druida de la horda se estaba enfrentando a ellos...Bendecí mi maza con la fuerza de los diose ( BOM ), y cargué....
Apenas hubo combate, se transformó en pantera y huyó...estas maltrechas piernas de cruzado nunca lo alcanzarían..( si al menos hubiera estudiado algo más de ingeniería...o comprado esas pócimas que me ofrecireon en Ironforge ). Maldijé a los Dioses ( Blizzard)...por no darme poder para alcanzarlo....
Al adentrarme en la cueva qu e el druida dejó libre una sensación de intranquilidad me invadió y es que sabía que sólo iba a ser cuestión de tiempo que volviera a aparecer para acabar conmigo.
Esperé....
( continuará )
Hace calor, la armadura apenas deja transpirar mi sudor y a cada paso que doy nuevas llagas se abren camin en mi piel.
Felwood, un sitio asqueroso. Creí que no habría un bosque mas corrupto que Duskwood pero esta claro que a estos ojos cansados les queda mucho por ver aún.
No oirás el canto de los pajaros en Felwood, sólo el sonido de la muerte.
No pensaba quedarme, en realidad estaba de paso hacía Winterspring, pero hay tanto que hacer aqui.....el culto insano de Jadenar...los Demomios de las colinas altas...y tantos otros seres corruptos....
Hoy me he acordado de Ethien, otro defensor de la luz, lástima que no esté aqui, seguro que sabría como cruzar esas málditas montañas. Me acompañó hace ni mucho a dar caza a un Lich en Razorfen Downs. Siempre le estaré agradecido.
Hoy he matado a otro Horda...Un cazador, ya no siento frio en las manos tras la batalla. Es sólo "uno mas", pronto sé que me tocará a mí, seguramente por la espalda y en inferioridad de condiciones..pero esto es una guerra..¿no?